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EL FUNERAL DE NERUDA
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EL FUNERAL DE NERUDA
LETTERE DAL CILE
Qué maravilla lo de Neruda!!. Estuvimos con Fabiana (mi hija) en septiembre presentando el libro de Alejandro en Chile, por eso conocimos (entre otras cosas) la fatal Villa Grimaldi...me imagino lo que habrá sido la obra y teniendo como "telón de fondo" EN VIVO ese siniestro lugar...TE REFELICITO POR LA DIRECCION, y por supuesto también a las actrices, los actores en fin, a todos los que hicieron posible poner en escena tan importante obra....
Taty Almeida
Madres de Plaza de Mayo - Linea Fundadora
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 Escribirles a ustedes, compañeros de ruta Assemblea Teatro, con verde azul, el color del mar que tanto amaba Pablo Neruda y de la naturaleza esperanzada que es lo que ustedes han traído a estas tierras del sur del mundo.
Contarles que el funeral de Pablo Neruda me conmovió profundamente. Fue un miércoles gris de septiembre de 1973 en el que despedimos al poeta, no como él se lo merecía porque las condiciones políticas del país lo impedían. A pesar de ello, allí estuvimos acompañándolo con un sentimiento de impotencia y profunda tristeza. El hecho histórico del funeral de Neruda, a diez días del golpe militar, nos rememora los inicios de la dictadura y también la primera manifestación de repudio del pueblo de Chile al régimen dictatorial de Augusto Pinochet.
Expresarles que “El Funeral de Neruda: claveles rojos para Pablo” significó volver a revivir ese episodio con dignidad, acompañados solidariamente, rescatando el personaje emblemático que representa Pablo Neruda en la historia de Chile y al mismo tiempo, develarnos con profundidad el hombre multifacético y de extraordinaria complejidad para el mundo de la literatura universal.
Comunicarles mi profundo agradecimiento por acceder a las historias que no se contaron, por hacer posible que afloraran las emociones que no se expresaron, los encuentros que no se tuvieron. Aproximarnos a todas las facetas de la personalidad y sensibilidad de Neruda, de un ser humano completo, íntegro, que amaba la vida, la amistad y cultivaba las artes.
Es una obra con un guión consistente, con una puesta en escena que toca los valores humanos que propugnaba Neruda, con diálogos emotivos, simbólicos, en la que todos los personajes aportan facetas y ángulos diversos en la fusión armónica del canto, diálogo e imágenes históricas que traen al escenario el mundo del poeta en plenitud. GRACIAS
Viviana Lamas
Gestora Cultural Corporación
Parque por la Paz Villa Grimaldi
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NO ME GUSTA EL TEATRO
 Dije algo “estéticamente incorrecto” en un momento muy agradable en que conversaba con actores, técnicos y Renzo Sicco, director de la compañía “Assemblea Teatro”. Quizás no debí decirlo, no fue una provocación, ni un insulto, ni menos una agresión, fue mas bien una confesión.
Me sentía culpable, incómoda, falsa. Como si guardara un secreto vergonzoso, y estuviera engañando a todas esas maravillosas personas que habían venido a presentar la obra desde tan lejos, (“El Funeral de Neruda”) a este sitio de memoria que es Villa Grimaldi. Mal que mal, ya nos conocíamos un poco. Habíamos conversado, reído y les había hecho una visita guiada por el sitio. Quizás suponían que me encantaba el teatro, y eso los tomó por sorpresa, quizás ni siquiera habían supuesto nada, y se asombraron ante esa declaración. Pero la reacción del grupo fue extraordinaria. Renzo dijo: “¡¡¡a mi tampoco!!!” y todos se sumaron. Fue como cuando un dignatario africano, en una cena en el palacio de Buckingham, se tomó el agua del aguamanil y la reina Isabel para no hacerlo sentir mal, hizo lo mismo.
Luego expliqué mis razones, había tenido la mala fortuna de ver algunas obras que me parecieron extremadamente pretenciosas o gratuitamente groseras. Quizás eran obras de arte, no lo sé. Sólo se ama lo que se conoce, y si no se conoce, mal se puede amar. Pero si no se le ama, tampoco se desea conocer. Ese círculo fue roto la noche del sábado 6 de diciembre. Cuando Renzo me indicó una silla y sentenció: “Te sientas ahí y no te paras hasta que termine la obra”, luego agregó seriamente “Te estaré vigilando para que no te duermas”.
A pesar de lo amable que se puede escuchar el castellano con acento italiano, lo percibí como amenazador por lo que me preparé para resistir y soportarlo, haciendo un ejercicio mental búdico.
Sin embargo, poco a poco, la curiosidad fue ganando y mis defensas cayendo. Primero fue el interés histórico: ¿Qué había pasado exactamente ese 24 de septiembre? Se le consignaba como el primer acto masivo de resistencia a la Dictadura recién instaurada. Recordé ese día, tenía 17 años y la brutalidad militar irrumpía en sordina al aterciopelado y traicionero ambiente de la provincia. Vivía en Temuco, al cuál Neruda llamaba “Corazón acuático de la Araucanía” y tengo el vago recuerdo de haberme preguntado: ¿Si a toda esa gente importante se le hacen esas cosas, que nos harán a nosotros? Luego en el exilio constataría el poder y el renombre de la poesía de Neruda. Hasta en los lugares más recónditos, encontré personas que lo mencionaban. Neriudá, decían con un sonido gutural entre la E y la IU, acentuando la A final.
Durante la obra tuve momentos de intensa emoción, cuando Neruda sentado sobre su ataúd gris, mira pensativamente sus objetos, su copa roja, su oveja, sus conchas marinas, mientras los actores hablaban de su funeral, detallando su casa inundada, saqueada, su literal velorio, a falta de luz eléctrica. Era como si la única manera de evitar el dolor de esos tiempos aciagos y su vida cotidiana destruida, fuese el ausentarse recordando los bellos objetos que había poseído.
Uno de los requerimientos técnicos era una tarima donde iría instalado el féretro gris. Fue imposible encontrar algo que sirviera, nos disponíamos a sacar un estante de la oficina para acostarlo en el escenario y utilizarlo para ese propósito, cuando Viviana, nuestra gestora cultural, y licenciada en Artes, haciendo uso de esa imaginación resolutiva, tan propia de los artistas y de los chilenos, se le ocurrió, como último recurso y ya presa de desesperación, revisar un lugar de Villa Grimaldi donde se acopian los desechos de construcción, maderas, ramas, y elementos dispares. Ahí encontró unos paneles que quizás apilándolos podían servir. La reacción de Renzo, el Director, le aseguró de lo acertado de su elección, los obreros orgullosos que las transportaron hasta el escenario propusieron lijarlas y barnizarlas. Nuevamente Renzo exclamó, “No, están muy bien así”.
Efectivamente esos paneles de madera bruta, apilados, con los clavos a la vista, nos hablaron de la precariedad, de la urgencia, pero las velas que rodeaban el ataúd, nos recordaron que a pesar de eso, la despedida fue solemne. Cada cosa aparecía como por arte de magia, y lo buscado por todas partes, finalmente estaba de lado nuestro.
Finalmente, me sumé a todo el público y aplaudí embargada por la emoción las actuaciones de los actores y por todo lo que había ocurrido en el escenario teatral.
Sigo pensando que no me gusta el teatro, pero puedo afirmar que de ese “no gustar” excluyo esa emocionante obra, El funeral de Neruda, claveles para Pablo” de Renzo Sicco y sus amigos.
Michèle Drouilly Yurich
Directora Corp. Parque por la Paz Villa Grimaldi
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